Proponer la autonomía como finalidad de la educación es algo viejísimo, tan viejo como la escuela misma (ya que precisamente por eso surgió la escuela), es también el punto más fácil de coincidencia entre padres y escuela y entre entorno social y escuela… ¿qué papá no quiere que su hijo sea autónomo?… pero también es un punto en el que pocas veces nos detenemos a reflexionar y difícilmente, como padres y/o maestros, tenemos claro que ése es nuestro objetivo y CÓMO pensamos alcanzarlo.

Nuestra propuesta es detenernos, reflexionar, que los padres y maestros conozcan el cómo trabajamos nosotras capacitando al niño para que vaya construyendo lo que esto implica y, sobretodo, insistir en la importancia de COINCIDIR en el CÓMO.


El diccionario define autonomía como “la capacidad de gobernarse a sí mismo”, nosotras, la definimos como “la capacidad de gobernarse a sí mismo CONSIDERANDO EL PUNTO DE VISTA DE LOS DEMÁS”. Esto implica que los niños no viven solos en el mundo, que no pueden hacer “todo lo que quieran”, que para educar es necesario establecer límites, normas, formar hábitos, probablemente reprender e inclusive sancionar.

¿Cómo hacer para que en nuestra relación con los hijos o alumnos los vayamos capacitando para ser autónomos? ¿Cómo decidir qué normas realmente los llevan a construir favorablemente sobre sí mismos? ¿Cómo sancionar sin lastimar? ¿Qué hábitos les son realmente positivos?…

Nosotras, para estudiar y lograr definir con mayor claridad hemos diferenciado, o dividido la autonomía, en autonomía moral y autonomía intelectual. Esto no es real, es SÓLO para cuestiones de estudio, ya que es imposible partir el desarrollo de un niño o pensar que se es autónomo en un sentido y en otros no.

LA AUTONOMÍA MORAL; tiene que ver con la idea de bien y de mal; nosotras trabajamos en la convicción de que esta idea (tan importante y vital) se CONSTRUYE en función de las experiencias e interacciones que vayamos viviendo, por lo tanto, cuando nos referimos a “moralidad” vamos a remitirnos a todo aquello que tiene que ver con actitudes hacia sí mismo y hacia los demás y con formas de relación, ya que son las experiencias a través de las cuales ellos van construyendo su idea de bien y de mal.¿Cómo hacer para que estas experiencias les posibiliten el considerar a los demás? ¿Cómo hacer para que sean experiencias favorecedoras de la autonomía?El punto de partida y clave es el RESPETO. Independientemente de la edad, sexo, lenguaje (o cualquier otra característica individual), TODOS somos personas desde el momento de nacer y por esa sola razón MERECEMOS respeto. Sólo una persona que vive siendo respetada es capaz de respetar a los demás.Sabemos y consideramos que es derecho de los niños de ser respetados y educados, así como sabemos y consideramos que es nuestra obligación y compromiso respetarlos y educarlos capacitándolos para ser autónomos.

LA AUTONOMÍA INTELECTUAL; la definimos como ser PENSADOR CRÍTICO.Partimos de que no se aprende “agregando” o “acumulando” porciones de información, sino MODIFICANDO viejas ideas acerca de algo, esto es, el pensamiento se CONSTRUYE INTERACTUANDO con los demás, con el medio ambiente, con los objetos y con la información misma. Tarea de la escuela será, por lo tanto, proponer a los niños experiencias, tan ricas y diversas como podamos, para que ELLOS –los niños y las niñas- redescubran, le den significado, construyan, todo aquello que tiene que ver con el conocimiento y la información.Pero la autonomía en este sentido también implica que juntos recorramos el camino, es decir, que coincidamos (escuela y casa) en las formas que elegimos para habilitar el pensamiento.La elección de tener niños pensadores tiene que ser MUY congruente y MUY comprometida; no se construye el pensamiento sólo en la escuela o sólo en la casa, ¡el pensamiento se construye en la vida!


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